domingo, 15 de julio de 2012

La joven con el Arete de perla (Capitulo primero: El Hombre en el tren)



Desperté. El cielo era de un gris perla matinal.  Me moleste un poco pues mis uñas estaban llenas de tierra y mi cabello alborotado. Note que me dolían un poco los músculos cuando intenté levantarme sacudiéndome el polvo. Debía ser tarde.
Tendría que escalar el enorme risco, debí ser tan tonta para caer aquí... No puedo recordar exactamente como caí pero... ¡ay! de verdad me duele la cabeza. Sería mejor recordar en otra ocasión, supongo.
Buscando una manera menos cansada de regresar a casa, encontré que a mis espaldas había una playa blanca y suave, el agua era de un tono oscuro pero se veía en completa calma. A la orilla había abandonadas unas pequeñas gastadas embarcaciones de madera. Recorrí el lugar con la mirada con la vaga esperanza de encontrar a alguien.
Una mano gruesa y tibia toco mi hombro.
-El camino es por aquí - dijo el fornido hombre dándome la vuelta gentilmente.
-¿Y las barcas? pregunté
-No se usan mas - dijo con un dejo de tristeza en la voz. Era probable que su padre habría sido o fuera pescador, pues el no tenía pinta de serlo.
El hombre era una contradicción. Para ser tan alto y fornido (a mi parecer; es decir) tenía excesiva gracilidad en sus movimientos, llevaba un traje negro sastre que a leguas se veía carísimo , aun cuando, quizá por la forma en la que reflejaba la luz, parecía por instantes que su figura se desvanecía por pedazos. Quizá era solo el puro que llevaba en la mano el que soltaba ese humo tan extraño.
-¿A dónde vamos?- pregunte siguiéndolo.
No respondió nada, pero me señalo a un costado, donde había un gran tren esperando, evidentemente a punto de irse.
En realidad, aún si no quería confiar en él, no tenía muchas opciones. Visito a mi tía por las pascuas y aún no conozco el lugar lo suficiente para saber a donde había caído en mi intento de salir sola.
-No tengo boleto- Dije a escasos metros de la puerta para abordar.
-¡Oh no te preocupes! Me sobra uno - dijo el hombre chupando su puro. Tomó gentilmente mi brazo y me empujo suavemente a la rampa de abordaje.
El tren me dejó boquiabierta. Nunca había estado en un tren, pero no esperaba que mi primer viaje en uno fuese en primera clase. Y así debía ser, pues casi no había pasajeros, y la mayoría iban vestidos tan elegantes que mis jeans y mi desgastada playera de Sex Gang Children me hizo sonrojarme.
Limpié disimuladamente mis uñas mientras trataba de anudarme el cabello.
El hombre me guió hacia el medio del pasillo donde tomo uno de los pequeños asientos apartado, me quede mirando el  terciopelo rojo y sonrió indicándome que podía tomar asiento.
-¿Te es algo necesario, en este momento? - preguntó sobriamente.
Negué con la cabeza
-¿Cual es su nombre? - pregunté
-¡Oh tengo muchos! - contestó riendo - Tantos, mi querida amiga, que los más viejos ya han sido olvidados. -Prendió otro puro y agregó - No me hables de usted, puedes llamarme Tánatos, ese es casi mi favorito.
No quise reírme por educación, pero era sin duda un nombre bastante gracioso.
-¿Y usted a donde va?- quise saber después de unos minutos en silencio.
-Yo voy a casa, por supuesto - comentó a la ligera viéndome de reojo.
Torcí la boca. Traté de recordar la calle donde se encontraba la casa de mi tía, pero solo conseguí acordarme que estaba cerca del centro.
-¿Sabe si el tren pasa por algún punto cerca del centro de la ciudad?
-El tren solo tiene un destino, pero no te preocupes, ya llegaras a donde debes. - contesto quitandole importancia con un simple ademan de  la mano.
Desgraciadamente siempre he sido muy impulsiva, así que enojada respondí:
-¿Esta usted secuestrandome? - Cuando pronuncié las palabras vinieron a mi memoria todos lo consejos de mi madre de nunca hablar con extraños. me mordí el labio, asustada.
Se hecho a reír de buena gana y apagó su puro en un cenicero de marfil.
-Eres todo un encanto. ¿Sabes? Yo no tenía contemplado encontrarte el día de hoy. Ha sido una cosa repentina, y también te diría; querida mía, que deberías leer un poco mas - Comentó guiñando el ojo.
-¡ Contésteme! ¡Gritaré, pediré ayuda! - Amenacé aterrorizada.
-Querida mía, no estoy secuestrandote, estoy llevándote a casa, moriste anoche.






Notas:
*En la mitología griega, Tánatos es la personificación de la muerte no violenta. En la misma cultura, Caronte, también conocido como el barquero infernal, se encarga de llevar las almas en una barca al más allá.
* A la gente, al morir; se les prepara y arregla antes de enterrarlo, de ahí que en el tren todos lucen elegantes.

4 comentarios:

  1. Aqui estoy! Gracias por tu comentario, asi si dan ganas de volver. Oye, me ayudas con mi última entrada? Imagina que un dia te llegó esta carta, yo la veo con tanto que me dan ganas de saltar de emoci´pj y luego digo: para Elena, para, lo estas imaginando todo!

    ¿tú que piensas?

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    1. Wooow me encanta, la trama con eso del viage está genial
      Un saludo!

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  2. Me encantó!! No pensé que fuera a terminar asi y la verdad fue una grata sorpresa. Excelente!

    Un beso linda, gracias por pasarte! Un beso

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  3. *-* Definitivamente me encanta... ¡Continua pronto!
    Joder, que no me esperaba ese final.
    Un beso :D

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