martes, 6 de agosto de 2013

Una virgen.


Tendida, en todo su esplendor. 
Indefensa, débil, sudorosa y agitada
Su pecho, subiendo y bajando; subiendo y bajando en un movimiento rítmico y agitado. 
Celestial. Ella se ve celestial.
Sus pequeñas manos; blancas, dedos largos, uñas rosadas que se aferran con fuerza a la orilla en un intento de sostenerse de algo. 
Las aletas de su delicada nariz se agitan, como si de un conejo se tratase.
Noto que está nerviosa, casi asustada. Sonrío; porque no puedo evitarlo
- Shh, todo va a estar bien - susurro con voz queda y lenta en su oído. Ante mis palabras su cuerpo se tensa. 
Delicioso. Ella es deliciosa.
Recorro con un dedo su mandíbula apretada, miro directo a sus pupilas dilatas.
Esos ojos. Esos redondos, grandes ojos.  Eso fue lo que me gustó de ella esa mañana, tantos días atrás.
Su camiseta blanca perlada de sudor.
Niega con la cabeza.
Beso su frente, para infundirle calma, para darle valor. Para mostrarle que no debe estar asustada.
Su olor. Huele a perfume, sudor... casi puedo oler su miedo.
Rasgo con tranquilidad su camiseta, su pecho se agita de nuevo. No puede hablar, sus ojos nunca abandonan los míos, sonrío.
Cuando deslizo su falda por sus largas piernas escucho un quejido entrecortado
- Por favor... - susurra ella. Pero no hace falta que diga nada; que haga nada. 
Separo sus extremidades con una lentitud infinita, para que no pierda nada de la sensación. 
Ahoga un sollozo cuando me acerco a su vientre y recorro con los dedos su cuerpo.
Le sonrío por última vez, y entonces ¡Oh entonces!
Siento su piel rasgarse bajo mi mano. Una pequeña mancha de sangre, sólo un poco.
¡Oh un poco de sangre!
El frenesí llega.
Una y otra vez, una y otra vez, una y otra y otra y otra vez.
Sus gemidos, quejidos y gritos inundan el ambiente.
Una y otra vez.
Por fin he terminado y ella está ahí, tendida,  hermosa, angelical.
Con el rostro bañado en sudor, los ojos perdidos en el infinito, los labios entreabiertos.
Cierro gentilmente esos grandes y redondos ojos.
Su camiseta blanca  comienza a gotear por los bordes, formando un charco de líquido escarlata; aún tibio, a mis pies.
Le sonrío mientras me limpio las manos ensangrentadas en un trapo de cocina, lavo el viejo cuchillo oxidado en el fregadero y me siento en una de las sillas de la estancia, a contemplarla. No puedo hacer más que contemplarla en toda su gloria.
Prendo un cigarrillo.
¿Hay algo mejor que una virgen? Me pregunto. 
Y sonrío....


miércoles, 24 de julio de 2013

Las memorias de la indecencia (1)



- Di algo
- No puedo
- ¡Vamos, te he puesto esposas, no un puto bozal! Siempre tienes algo que decir, dime algo ahora
- ¿Te han dicho lo bueno que estás?

viernes, 5 de julio de 2013

Fuck off


"Mira me duele aquí, entre el hígado, el corazón y el amor propio 

¿cómo no voy a pinche guacarear si tengo putas nauseas en el 

alma? "
Xavier Velasco 

sábado, 1 de junio de 2013

Sendas


Caminamos, al final; caminos distintos
Caminos por días, por meses; por años.
Dejamos atrás cada recuerdo y cada cosa palpable, conocida
Caminamos para encontrar algo; que solo después de caminar por años nos damos cuenta que ya teníamos.

Buscamos sensaciones desconocidas, parajes nuevos, brazos distintos.
Otros labios, otros rostros, otra vida.

Susurramos plegarias, derramamos lagrimas, comemos y bebemos como otros.
Nos olvidamos de lo que fuimos, disfrazándonos de novedades.
Soñamos,creemos ; crecemos

Reímos a través de bocas nuevas, miramos por ojos distintos, pensamos con cerebros ajenos.
Gritamos hasta que descubrimos que callar es mejor.

Caminamos; para dejarnos a nosotros mismos.
Sin saber; acaso, que somos lo único que tenemos.

Y entonces, cuando llegamos a ese ningún lado a donde nos dirigíamos, entonces y sólo entonces queremos volver.
Después de caminar, besar, pensar, soñar, respirar y reír como extraños.

Y si volvemos, encontramos  el mundo que conocíamos como un vago y lejano recuerdo.
Y buscamos entonces los latidos y susurros de antaño. Las esencias, los olores, colores y texturas.
Escudriñamos en la espesura por sí algún objeto puede traer el pasado de vuelta.
La luminiscencia del ayer, el resplandor de lo que fue.

Nos fiamos a postores equivocados, nos caímos suficiente para aprender cómo caer.
Ahora cazamos cualquier aspiración de nosotros. Ya no de otros.
Y un día; cuando nos damos cuenta, somos fantasmas.
Y aún cuando intentamos llevar cadenas por un tiempo, son demasiado pesadas
Con el tiempo olvidamos por que las teníamos
Y entonces; morimos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

De razones en vano a oídos sordos



Esta es la primera verdad en mi vida: No escribo para ser leída. 
No escribo por las razones que la gente que se atreve suponer tiene por sentadas.

Nunca he encajado realmente en ningún sitio. Desde que tengo memoria, siempre fui un tanto retraída a pesar de mi carácter alegre. Logro entablar conversaciones hasta con el chico que despacha la tienda, pero nunca he podido, a pesar de mis muy enfáticos esfuerzos, entablar relaciones reales con la gente, relaciones que cuenten de verdad. Un amigo intimo que me conozca hasta los huesos, una pareja con la que pueda compartir cualquier idea extraña que llegue a mi cabeza. Ni con las personas más allegadas a mi, con quien podría pensarse, puedo ser yo misma, he logrado una conexión al grado de comentar hasta mis más exóticos sentimientos.

Pero no es por eso por lo que escribo. Pudiera llegar a pensarse así. Aún cuando ha sido mi medio de desahogo en mis días más oscuros, no escribo por la necesidad de expresar algo en especial.

Escribo por la simple razón de poder desmenuzar a las personas como solo entre letras puede hacerse. 
De romper sus cascarones; sus máscaras, sus 
plásticas y vacías vidas y de reírme de ello a solas.
Escribo para diseccionar a las personas, como un médico en la morgue, palpar su interior, pesar y sopesar que tanto valen y desentrañar todas esas cosas que yo sé que existen dentro de ellos; aun que ellos no lo sepan. 

No escribo para ser leída, escribo para poder refugiarme en algún sitio seguro cuando no tengo escapatoria del mundo.
Escribo para sentirme feliz dentro de la única verdad ficticia que conozco: Las letras.
No soy una de esas personas que tienen el talento o potencial de ser el siguiente Best Seller, no planeo encantar a nadie con mis escritos, sólo a mí.

Encantarme, ilusionarme, dañarme, destruirme. Qué más da. Es mi forma de ser y de sentir, de poder plasmar algo que conozco y todo aquello que desconozco en algún sitio.

No deseo ser entendida, mi mundo aparte es demasiado intocable; demasiado complejo, demasiado personal para que mi intención quede clara a los demás... Mi mundo aparte se refleja aquí, en estas sílabas dirigidas a la nadie, a la nada. 

Podrá ser patético, pero es parte de mí, es lo único que es realmente parte de mí.  

martes, 7 de mayo de 2013

Letargos mágicos y deseos en vano



No puedo enamorarme de ti.
No puedo crear esa ilusión tonta en mi mente que me le ordene a mi corazón palpitar tan rápido que el mundo desaparezca bajos mis pies.
No voy a obligarme a hacerlo.
No puedo verte a los ojos por las noches y al cerrar los parpados pensar que es alguien más quien comparte mi cama
No quiero pasar como estos el resto de mis días, no quiero seguir pensando en lo que fue y que no va a volver
Más que eso, no quiero pensar en lo que nunca fue y arrepentirme de ello
No deseo con toda mi alma tenerte como he deseado tener a otras personas
Otra mente, otro par de labios, otra mano cerrada en torno a la mía
Incontables suspiros ya se me han escapado deslizados bajo segundos nebulosos, bajo miradas interrogantes, entre mañanas soleadas llenas de recuerdos, deseos en vano, añoranzas vagas.
¿A qué me dedico ahora?
Abrir los ojos y desear una respiración distinta en mi cuerpo, un eco de alguien que no va a volver, que nunca pudo estar ahí
Quizá no estaba en el destino, quizá yo no debía ser la chica a la que despertaran con un beso. No; no un beso, no uno de esos puros y castos de los cuentos
Yo no era la chica que despertarían cada mañana con una mordida en los labios, con un roce en el cuello y un montón de maldiciones contra el mundo.
Pero demonios, desearía ser esa.
Al infierno; sí deseo ser ella.
Esa que él eligió
No una princesa de cuento; deseo ser la villana del tuyo, especialmente diseñada para gemir a tu lado por horas para después reír como una tonta con oraciones cortas.
Desearía haber sido diseñada con ese molde, que debe existir en alguna parte.
Mientras le arranco pedazos al pasado me pregunto porqué ese nunca fue mi futuro.
No fue mi historia, fue tuya. El peor de los males: Nunca fue nuestra historia

Desearía mirarte con la misma rabia que miré otros ojos
Deseo añorarte con las mismas ansias que añoré otro cuerpo.
Quiero que despiertes en mí todo eso que me hace jadear y suspirar al mismo tiempo.

Pero eso no ocurre, no contigo.
Tu no eres el problema, lo soy yo.

Yo soy la razón por la que no quiero enamorarme de ti, por la que no puedo.

Soy la única razón de a pesar del tiempo, los años y la supuesta madurez, me siga sintiendo tan sola.

Porqué después de todo....
Ese nosotros nunca llegó

martes, 30 de abril de 2013

La joven con el arte de perla (Capitulo tercero Un error)


La mortecina luz que se filtraba por las ventanas me hizo parpadear desconcertada. ¿Dónde estaba? me pregunté mirando la enorme habitación. ¡Ah, claro, muerta!
Me acurruqué en el diván que estaba frente a la ventana a mirar el... ¿Amanecer, atardecer? ¿Qué hora era? ¿Por qué aquí nunca salía el sol? Una chispa de color cató mi atención. Se trataba de un pequeño petirrojo parado en la rama de uno de los viejos arboles. Me sentí de nuevo una niña; corriendo sin rumbo en un enorme prado en la finca de mi abuelo.
Para mi sorpresa el armario estaba vacío, así que decidí ponerme la misma ropa que tenía ayer, aunque los pantalones tuvieran un poco de lodo seco.
Un nuevo cambio me sorprendió cuando salí de la habitación. Ahí dónde ayer estaba el comedor, ahora no había nada más que una pared. ¿Me estaba volviendo loca?
Bajé las escaleras buscando a Tánatos que parecía haberse esfumado. Otra enorme sorpresa: Las habitaciones que ayer estaban vacías hoy se encontraban amuebladas.
Y la mayor sorpresa de todas; esa que hizo que se me hiciera un enorme nudo en la garganta y mis ojos parpadearan inquietos. La voz de mi Padre cantando. Subí al primer piso de nuevo, buscando de dónde provenía ese alegre sonido que había echo que mis días tuvieran un destello de luz mientras él vivió. Un poco acostumbrada a los cambios aparentes de la casa descubrí que había unas escaleras nuevas. Estas daban a un enorme invernadero lleno de macetas con hermosas flores: Narcisos, amapolas, zinnias, gladiolos.
Al fondo del invernadero había una mesa de donde provenían risas y humo de cigarrillo. Caminé con paso vacilante hasta ahí, sintiendo las lágrimas brotar de mis ojos cuando comencé a reconocer las voces y siluetas que tenía delante.
Mi abuelo y mi padre jugaban cartas sentados uno frente al otro.  Intenté contener esas lágrimas para poder verlos mejor. Ahí estaban; esos rasgos familiares y conocidos; tan amados me sonreían con cariño mientras yo intentaba dejar de llorar. Los seres que más había amado y se habían ido de mi lado estaban ahí.
- Hola, cielo- dijo mi abuelo, corrí hacía él desesperada por sentir sus brazos, pero descubrí que no me estaba moviendo.
- Todo va a estar bien - prometió él a la distancia. ¡No, no lo está! ¿Por qué no te acercas? quise gritarle, pero otra voz familiar me hizo voltear.
Olivia, mi mejor amiga; la que yo había echado tanto de menos estos dos años metió la cabeza por el umbral de la puerta sonriendo con esa luminosa sonrisa que yo extrañaba tanto.
-¿Qué haces aquí, niña traviesa? - preguntó mi padre volteando en su silla.
- No lo sé. Quiero tocarlos - susurré
- No; ahora no puedes. Cariño, tu no deberías estar aquí. - dijo mi abuelo.
-Quiero estar con ustedes - contesté herida.
- No; amor mío. Debes tener una vida larga y feliz, cómo la tuvimos nosotros. ¿Qué ha pasado? ¿porqué estás aquí? -  Los tres preguntaron a la vez. Estaba igual a como las recordaba, con esa sonrisa de dulce complicidad que nunca permitiría que nada me hiriera.
- Escucha - me dijo Olivia Estaba igual a como la recordaba, con esa sonrisa de dulce complicidad que nunca permitiría que nada me hiriera. - Nuestras vidas fueron satisfactorias y plenas. Queremos lo mismo para la tuya. No debes estar aquí, aún no. Regresa y se feliz. Regresa.... Ya nos verás un día - ¡Pero cómo podía decir eso! ¡Yo estaba tan sola desde la muerte de estas personas!
Negué con la cabeza, atontada. Cerré los ojos para tratar de comprender, pero cuando los abrí, el invernadero y la gente que amaba ya no estaba ahí. Sólo quedaba el enorme prado  medio muerto y la luz mortecina que se filtraba entre las ramas de los árboles.
-¿Por qué he muerto? - pregunté en voz alta, retando a quién fuera que se había llevado mi vida.
- No estoy seguro; tu no deberías estar aquí - El susurró de Tánatos a mi espalda me hizo gritar de miedo.
- Yo no esperaba encontrarte, no ahora. Pero ya vez, así han sido las cosas - comentó encaminándose a la casa. ¡Esto no es justo! No aquello no era justo.
-¿Pero cómo morí? Insistí cuando nos sentamos en los sillones de una de las habitaciones hasta ayer vacías.
- Era noche cerrada cuando saliste a dar un paseo, estabas muy enojada ¿Recuerdas? - me interrogó Tánatos.
Sí, estaba enojada. Enojada y aburrida. Mi madre había insistido que visitara a su hermana por las vacaciones, y me encontraba sin nada que hacer más que oír a sus dos hijos reñir todo el día. Estaba enojada y salí a caminar un rato. Me había perdido, recordé. Estaba perdida por qué tomé el primer bus que encontré.
-Llegué a un parque... Un parque solitario... Podía oír el mar. - conjeturé en voz alta.
Tánatos asintió pensativo
- Ahí había una pareja, un par de adolescentes que buscando un lugar oscuro habían decidido refugiarse en ese parque. Pero también había alguien más. Un hombre que ha sido buscado hace mucho tiempo; un asesino serial que buscaba a su próxima victima. - Tánatos calló permitiéndome recordar.
¿Un asesino? Sí, había escuchado eso. Lo discutían Annie y Jack en el desayuno, mientras mi tía, su madre, les pedía tener cuidado. Fui advertida de no salir sola. ¡Lo fui!
¿Entonces, así había muerto? Recordé sin quererlo las palabras de Annie "Desmiembra a sus victimas para luego esparcirlas por pedazos" ¡Esto era horrible!
- Tu no debías estar ahí, esa es la verdad. Fuiste un accidente, en verdad. Te sentaste en una banca oculta por los árboles, estabas asustada. Escuchaste los gritos de la pareja cuando fue atacada y gritaste también. Ese hombre escuchó tu grito, así que antes de terminar su trabajo fue a buscar el lugar del que provenía el sonido. No le convenía tener público - Miré a Tánatos absorta mientras él hablaba
Grité, lo hice. No debí gritar. Recordé la silueta del hombre; alta y delgada con el cabello largo enmarañado. Recordé la navaja que sostenía mientras se acercaba a mí. Recuerdo haber corrido asustada hacía el interior del bosque, sus pisadas calladas tras de mí.
Sí, lo recuerdo.
-¿Él.... él me asesinó? - pregunté sin voz.
-No; él no lo hizo. Estabas asustada, y corriste en la dirección equivocada.
Estaba asustada, realmente asustada. Recordé qué en la histeria del momento pensé que querría violarme, asaltarme o qué sabría yo. Corrí por un sendero, hasta que estuve al borde de un enorme acantilado. Él hombre se detuvo frente a mí, mirándome con esos penetrantes ojos llenos de odio. Me miró, sonrió y luego levantó la navaja que llevaba en las manos. Retrocedí por instinto, y entonces caí... caí y caí y parecía que aquello no tendría fin. Y entonces; todo se volvió borroso y momentos después desperté en esa playa.
-Caí de ese acantilado - comenté comprendiendo.
- Yo no esperaba encontrarte - repitió Tánatos - Ker debía ir allí por los chicos, para traerlos. Pero yo tropecé contigo. Lo lamento - suspiró él.
Me sumí en el silencio total. Era un error. No; era una consecuencia. Yo había tomado una mala decisión y había muerto por ello.
Miré a Tánatos anonadada, sumida en la vergüenza y el pesar. Eso no debió ocurrir. No aquella noche.
-¿Cómo está mi madre? - susurré. Mi madre, mi preciosa y amorosa madre. Encontrar mi cuerpo, tener que aceptar que había muerto; mi familia, mis amigos. Todos ellos debían estar sorprendidos, dolidos. Y yo lo había causado ¡Oh no, mamá!
- Aún no lo sabe - susurró él de vuelta. Asentí. Pero no tardaría en enterarse. No; sin duda lo sabría.
- Quiero volver - susurré. Y las lágrimas que no llegaron a mis ojos quebraron mi voz. ¡Quiero volver! ¡Quiero  estar viva!

Notas:
*Ker en la mitología griega es la representación de la muerte violenta, también hermana de Tánatos.

*CAPITULO PRIMERO: EL HOMBRE EN EL TREN http://toxicc-lady.blogspot.mx/2012/07/la-joven-con-el-arete-de-perla-capitulo.html

*CAPITULO SEGUNDO: LA CASA http://toxicc-lady.blogspot.mx/2013/03/la-joven-con-el-arte-de-perla-capitulo.html

lunes, 25 de marzo de 2013

La joven con el arte de perla (Capitulo segundo: La casa )


El agudo sonido del silbato del tren me despertó.
Tenía las piernas entumidas pero al menos, los músculos ya no dolían.
Había sido un recorrido en silencio desde que el hombre del traje negro (Tánatos; aunque sonara ridículo) me  dijera que había muerto.
Me sumí en una muda discusión conmigo misma; una parte de mi mente se negaba a aceptarlo, mientras la otra racionalizaba el asunto.
No tenía por que ser mentira. No sentía calor o frío, ni mi corazón en su lugar habitual. No tenía miedo ni rabia. Mi cuerpo era una tumba fría y silenciosa.
El guarda-tren volvió a sonar el silbato.
-Es hora de irnos- dijo el hombre. Me sentí repentinamente ansiosa, ¿a dónde iríamos? ¿El cielo? ¿El infierno? ¿La nada? Me arrepentí por unos segundos de no asistir mas seguido a la iglesia.
Pero no había cielo o infierno al cual habrían de arrojarme.
Al bajar del tren solo había una estación cualquiera. Un poco desierta, con la única anomalía de que en vez de carros al rededor había carruajes. Me maravillé al ver los enormes garañones negros que guiaban las carrozas. En el rostro de mi acompañante se dibujo una leve sonrisa de burla.
Poniendo el brazo debajo de mi codo me condujo cerca de una de las carrozas. Me detuve enfrente de uno de los caballos para acariciar su crin.
-¿Cual es su nombre? Pregunte mientras sentía la textura suave del animal
-Fresa.- dijo Tánatos a secas
-¿Fresa? - pregunte riendo- Eso no tiene sentido
-Es cierto- concedió él- Según lo que esperabas debería llamarse Fantasma o Niebla.
No me permitió replicar nada cuando me levanto en vilo para subirme al pescante
-¿No iremos en la parte de atrás? - pregunté jadeando.
-¿No te gusta el aire libre? - Respondió fustigando los caballos.
Concentré mi atención en los arboles viejos que bordeaban el camino. El cielo era gris; sin ningún indicio de la hora. Todo parecía repetitivo y sin embargo no dejaba de maravillarme. Tánatos esta vez rió en voz alta.
El trayecto duró menos de lo que esperaba.
La carroza se detuvo frente a una vieja casona de paredes ennegrecidas con techo de dos aguas y una enorme fuente con un fauno soplando una flauta.
A unos cientos de metros se encontraba otra casa; mas grande aún, de paredes rojas y un jardín poblado de rosas muertas.
Descendí del carruaje de un salto.  Me dirigí a la casa roja para sentir las flores.
Tánatos me jaló bruscamente del brazo y me situó frente a la casona negra.
-Es aquí- dijo señalando la casa que teníamos enfrente.
-¿Quién vive...?
-Nadie por quien tengas que preocuparte- me interrumpió malhumorado.
Caminamos la senda de abedules en silencio, se adelantó a abrirme las puertas y con un suave "ponte cómoda" me dejó en medio del recibidor.
Era una habitación grande con un piso de madera oscura. Estaba vacía.
 Había dos habitaciones de las mismas proporciones a ambos lados, me asomé para comprobar que estaban tan vacías como la primera. Decidí subir las largas escaleras que se situaban enfrente de la puerta. Mis pies se hundían en la mullida alfombra roja que las cubría, hasta ese momento no me dí cuenta de que iba descalza.
Había un corredor espacioso con una hilera de puertas talladas exactamente iguales, y a los lados, dos habitaciones más, esta vez sin puerta. Decidí ir a una de ellas.
Al acercarme pensé de pronto que me había vuelto loca. Olía a comida. Camine despacio mientras las tablas  debajo de mis pies crujían.
Metí la cabeza con miedo a la habitación, que para mi sorpresa estaba revestida de un tapiz color crema salpicado de pequeñas flores. En el centro había una enorme mesa de roble, colmada de toda clase de comida. En una de las dos únicas sillas a los extremos, mi anfitrión leía un viejísimo periódico.
Pero mi vista se centró en los enormes cuernos retorcidos sobre su silla. Debían ser de algún animal. Sobre la otra silla había una cornamenta de ciervo. Era muy hermosa.
Ese debía ser el asiento reservado para mi. Entre con cuidado de no hacer ruido, pero pese a mis esfuerzos, Tánatos levantó la cabeza y me sonrió invitando a sentarme.
- Debes tener hambre - comentó mientras yo veía atónita todos los platillos acomodados delicadamente en la mesa. Había de todo; guisos con carne, ensaladas, dos fruteros llenos hasta el bode, postres de toda clase. Tragué en silencio.
Tomé una manzana, que era lo que tenía más cerca de mí y la mordí. Era la cosa más rica que me había pasado por los labios.
Mientras comía del enorme plato que me serví escuché a lo lejos el repicar de algo ¿Una campana? ¿Una alarma? No; era un reloj. Eran las campanadas de un reloj.
- Debes tener sueño - dijo Tánatos. No era una pregunta, si no una afirmación. Descubrí que estaba cansada, aunque no quisiera aceptarlo. Él se limitó a levantarse, encaminándose al pasillo. Lo seguí confundida y maravillada mientras él sacaba un enorme manojo de llaves y abría la puerta que había visto cerrada con llave.
Era un dormitorio qué me dejó sin aliento, Tánatos se retiró cerrando la puerta tras de si sin decir una palabra.
Maravillada; estupefacta miré lo que tenía enfrente. Una enorme cama con dosel y cortinas rojo borgoña dominaba la habitación, unas enormes columnas se erguían a cada lado de la cama. En uno de los costados, de piso a techo libreros tapizaban las paredes.
Un juego de mullidos sillones (rojos también) acomodados frente a una mesa baja de color blanco, un impresionante candelabro de cristales y un ropero de palo de rosa tallado.
No había luz eléctrica, sólo dos velas a cada lado de la cama. Toqué con dedos temblorosos el papel tapiz rojo con delicados trazos en dorado.
Más cansada de lo que creí me desvestí de prisa y me metí a la cama.
¿Qué había sucedido? ¿Cómo había muerto? Y más importante aún ¿Por qué? Tenía tantas cosas que vivir todavía... Tenía que amar a alguien, tener un hijo, ir a la universidad, crecer, conocer países....
Toda esa lita de pendientes que nunca sucederían me llevaron a recordar a la gente que amaba y que había muerto; ellos también tenían cosas que hacer.
Intenté recordar lo último que había echo al estar viva, pero mi mente estaba demasiado cansada, así que en la penumbra de esa deslumbrante habitación me dejé ir a la inconsciencia.



Notas:
* El primer capitulo está aquí: http://toxicc-lady.blogspot.mx/2012/07/la-joven-con-el-arete-de-perla-capitulo.html


domingo, 24 de marzo de 2013

Hombre y mujer deambulan por el pabellón de los cancerosos.




El hombre:
En esta hilera hay vientres descompuestos
y en esta otra hay pechos descompuestos.
Cama apesta junto a cama. Las enfermeras se turnan cada hora.

Ven, levanta esta cobija.
Mira este grumo de grasa y humores podridos;
esto alguna vez fue importante para este hombre
y fue también delirio y patria.

Ven, mira esta cicatriz en el pecho.
¿Notas el rosario de blandos nudos?
Toca sin temor. La carne es blanda y no duele.

Esta mujer sangra como si treinta cuerpos tuviera.
Nadie puede tener tanta sangre.
A esta otra recién le extrajeron
un niño del canceroso seno.

Se les permite dormir. Día y noche. A los nuevos
se les dice: aquí se duerme hasta sanar. Sólo los domingos
se les deja despiertos un rato, para las visitas.

Pocos alimentos se ingieren. Las espaldas
están en carne viva. Ves las moscas. A veces
los lava una enfermera, como se lavan los bancos.

Aquí el camposanto sube hacia cada lecho.
Carne se adelgaza. Fuego vital se pierde.
Humores coagulan. Tierra llama.

( Hombre y mujer deambulan por el pabellón de los cancerososGottfried Benn, 1912)
(Uno de mis poemas favoritos)

sábado, 23 de febrero de 2013

aujourd'hui


¿Por qué te amo?
Antes de ti, la vida era cosa borrosa y sin sentido.
Mi días era una sucesión de acontecimientos y minutos vacíos
Yo era una cosa fría, desmadejada y sin vida a la que tu convertiste en algo latente.
Sé que te lo repetido quizá demasiado, pero no me parece que te haya entrado bien en esa preciosa cabecita que tienes.
¿Cómo hacerte comprender la brillantez y la esperanza que trajiste con tu inesperada llegada? ¿Con tus maneras suaves e irreverentes? ¿Cómo hacerte ver el inmenso cambio que se produjo después de conocerte?
Trajiste a mi vida una conciencia hasta entonces inexistente, trajiste una razón.
Eras una sorpresa escondida tras una sonrisa maliciosa.


¿Por qué te amo?
¡Cómo no voy a amarte! Sí en principio me hiciste probar una clase de libertad que yo no conocía. Me enseñaste lineas que mi mente no comprendía aún cuando estaba ansiosa por cruzarles.
Te amo por que sé que te preocupo, aunque aveces no lo parezca, te amo por que sé qué has intentado cosas que aborreces para permitirme sentirme mejor.
Te amo por todas tus maneras extrañas de demostrar que tu también me amas.

Cuando te conocí no supe comprender por qué me quedaba tan prendida a ti y a tus comentarios. Yo podría pasar la vida analizando cada cosa que dices solo para retorcer su sentido y crear un millón de posibilidades de una simple oración.

A lo largo del tiempo que nos hemos conocido hemos cambiado, hemos crecido y hemos pasado por momentos duros y momentos buenos.
Al principio prometí que no permitiría que me cambiaras, pero es una mentira.
Nos hemos cambiado mutuamente y hemos aprendido a cambiar para satisfacernos.
Es algo que nunca hubiera permitido que nadie me hiciera, pero es algo inevitable contigo.
En muchos sentidos; eres eso que yo nunca hubiera permitido de nadie.
Tal vez para ti no signifique nada, pero para mi, y probablemente para las personas de mi pasado, tu eres un puto milagro.
¿Quién iba a decir que yo iba a enamorarme así? Hasta los huesos, hasta el punto de abandonar mis caprichos e incluso mis necesidades por otra persona.
No voy a decirte que me hubiera gustado que conocieras esa parte de mi. Tengo más sombras que luces. Tuve más sombras que luces. Pero quizá si me hubieses conocido entonces; quizá podrías comprender el milagroso cambios que propiciaste en mi.

Estos últimos meses hemos perdido e intentado recuperar demasiadas cosas.
Cosas que yo no creo recuperables. Creo en la evolución de las personas, creo que esa evolución trae cambios irreparables. Pero lo que sinceramente no creo es que esos cambios sean estrictamente malos.
Pero ( y eso es lo importante) me apetece creer en TI
En ese nosotros que nos a llevado tanto tiempo crear. Creo en ti y en ello.
Y por eso estoy dispuesta a probar todas las maneras posibles para devolvernos mutuamente.
Yo quería ese amor enfermizo que te tenía cuando te conocí. Pero ya no.
Esa clase de afecto bizarro cambió y maduró y estoy muy contenta con ello.
Nos conocemos mejor, y por ello te amo más.

Y aún con todo eso cuando despierto sigo mirándote a mi lado y preguntándole al destino ¿Qué hice para que tu, con todas nuestras diferencias estés a mi lado?

Eres brillante, eres fuerte, eres maravilloso, inteligente, sarcástico, diferente.
Y eres mío.

Te amo.
Gracias por este tiempo que has compartido conmigo. Gracias por dejarme compartir tus sonrisas, tus enojos, tus berrinches, tus pucheros, tus respiraciones y  tus latidos.

¿Por qué te amo?
Por qué eres tu.



miércoles, 20 de febrero de 2013

La capacidad de creer en el hoy



Creo en el presente por qué no tengo otra alternativa.
Creo en el hoy, por que no estoy segura del mañana.
Me apetece creer en el momento, por que las horas venideras pueden no existir.
Creo en el hoy sólo por que no tengo más alternativa.

No creo en el mañana. No quiero creer en el mañana. 
No quiero intentar vislumbrar el futuro. NO quiero creer que hay un futuro.

Por ello creo en el presente, sin detenerme a pensar en los meses que vienen. 
Sin detenerme a intentar buscarle una explicación.
Quiero tener la capacidad de creer en el presente.

Sin embargo; creo en ti.
Creo en ti de una manera desmedida. 
Creo en tu palabra, en tu promesa. Creo en tu presente.
Creo en ti cómo no creo en el futuro.

Creo que mi futuro existe, por qué tu existes.

Creo en el poder de cerrar ciclos y esperar los nuevos
Creo en los nuevos ciclos sólo como nuevas mañanas, cómo nuevos minutos, cómo nuevos atardeceres.


Sólo puedo creer en el hoy, en el presente.
¿Y cómo no creer, si te tengo a ti?

jueves, 14 de febrero de 2013

Acuerdo panorámico

¿Qué necesitas? 
¿Alivio, amor, dulzura? 
Yo puedo dártelo

¿Qué deseas?
¿ Descargar la rabia? ¿Sentirte mejor? ¿Venganza? ¿Morir?
Yo te lo ofrezco

¿Que quieres?
¿Afecto? ¿Paz? ¿Descanso? ¿Importancia? ¿Vida?
Yo tengo tu respuesta.

No tienes que seguir contando los segundos, minutos y respiraciones.
No tienes que seguir mirando sin mirar. 
No necesitas seguir sintiéndote mal.
No necesitas contenerte.

Trazar figuras, esperar la luna, respirar... continuar.
Sonreír, comer, aguantar. Desperdiciar momentos, adivinar pensamientos. Aceptar órdenes, fingir, caminar...
Complacer...
No, no lo necesitas.
Yo puedo ofrecerte todo el consuelo que necesites. Todo lo que deseas, cualquier cosa que añores...
Lo que sea.

Soy tuya y eres mía. 
Sólo tienes que permitir que la sangre corra.

Soy tuya y eres mía.
En el momento que veas las gotas caer... 

Soy tuya y eres mía, deja que tu piel llore, que tu piel sienta.

Eres mía, hoy y siempre.

Yo te ofrezco la solución. 
Eres mía.